El mismo día que empecé yo en mi nuevo curro, se incorporaron también otras 30 personas. Se supone que todos éramos parados de larga duración (yo tenía incluso mi certificado, que me sirvió para presentarme a las oposiciones por la jeta) y que estábamos locos por trabajar en lo que fuera. Y más locos aún por trabajar en algo "de lo nuestro". Curiosamente, el trabajo era "de lo nuestro", en distintas categorías: licenciados, diplomados, técnicos y sin cualificar. Pero siempre "de lo nuestro".
Bueno, pues me he dado cuenta de que mi suposición era demasiado optimista. Hace unas semanas mi jefa se fue de vacaciones y nos quedamos mi compañero y yo encargados de coordinar el traslado de unos muebles enormes, pesados y llenos de piezas muy delicadas desde nuestro despacho a otras dependencias. Antes de irse, mi jefa nos llamó al orden:
JEFA: Aquí vosotros estáis contratados con una categoría concreta y para un desempeño concreto. NO para mover muebles. Vosotros coordinad y dad instrucciones, pero no mováis un dedo.
COMPI: Es que hace dos años, por ponerme a echar una mano, los mozos de almacén quisieron emplumarme un muerto que no era mío. Así que mucho ojo.
La cosa estaba bastante clarita. El primer día llamamos al almacén y pedimos dos mozos para hacer el traslado. Llegaron dos señores (sí, "señores", no "chavales" ni nada por el estilo. "Señores") y les explicamos lo que había que hacer.
El primer día hicieron poco. El segundo, muy poco. El tercero estuve a punto de mandarlos a tomar por culo:
SEÑORES: ¿Dónde montamos este mueble?
HELL'S TEA: Donde os haya dicho mi compañero.
SS: Pues aquí.
Al rato, cuando el mueble estaba a medio montar, llega mi compañero.
COMPI: ¿Qué hacéis? ¡Hay que montarlo allí, no aquí!
SS: Es que esa señorita nos ha dicho que aquí.
HT: Yo no he dicho nada.
C: Sea como sea, es allí, y no aquí.
Y tuve que aguantar toda la mañana a los puñeteros señores diciéndome, cada vez que se cruzaban conmigo, que les estaba haciendo trabajar dos veces, y que hay que ver, que las mujeres no sabemos organizar, y que bla, bla bla.
El cuarto día tampoco hicieron prácticamente nada. El quinto tuvimos que llamar a dos mozos más para que les echaran una mano. Dichos mozos han declarado que no van a volver a trabajar con ellos porque se escaquean de forma magistral. No voy a continuar con los días seis, siete y sucesivos, pero dejo aquí algunas de las perlas que han salido por esas boquitas:
SS: Oye, que son las dos menos veinte. Nos vamos.
HT: Bueno, pero antes subid estas carpetas al archivo fotográfico, por favor. Os da tiempo de sobra para salir a las dos.
SS: No, eso mañana. Es que tenemos que lavarnos las manos.
O...
C: Podéis ir empezando a desmontar esto.
SS: Sí, pero es que mira, es la una y media, y las cosas o se hacen bien o no se hacen. Así que mejor para mañana.
O la mejor de todas:
SS: Pues podrían hacernos fijos aquí. La verdad es que no se cobra mucho, pero el trabajo es cómodo.
Si de mí dependiera, iban a durar más poco...
martes, 28 de septiembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
Joder, claro que el trabajo es cómodo ¡si no hacen nada! Me recuerdan a una que tuvimos en la cadena amiga, que llegaba todos los días al menos 20 minutos tarde porque el autobús llegaba a menos diez o a y veinte (y no era cuestión de coger el que te deja al otro lado de la carretera a menos diez) y se iba media hora antes a casa, porque si salía a la hora en punto tenía que esperar un rato al autobús. Creo que su record de publicaciones estaba en dos noticias diarias los días más productivos.
ResponderSuprimirEstá visto que en todas partes tiene que haber especímenes así.
¿Por qué no haces un post sobre Hispania?
ResponderSuprimir