miércoles, 23 de febrero de 2011

Fauna de gimnasio

Hace unos días la parada que ya no es parada pero que acepta ofertas de empleo, como yo, hablaba en su blog sobre el apasionante mundo de los gimnasios, y se me encendió la bombillita de un post que llevaba tiempo rumiando.

En los últimos seis o siete años he ido a cuatro gimnasios, dependiendo de mi lugar de residencia. El primero de ellos, en mi ciudad natal, era de ésos que tienen la palabra "club" en el nombre, cosa que se supone los convierte en algo muy cool y fashion aunque por dentro tengan lo mismo que todos. Los que asistían a ese gimnasio eran gente bastante normal; de hecho la mensualidad era muy asequible (unos 20 euros o así, con piscina, baño turco y jacuzzi incluidos). Pero había un sujeto que me llamaba bastante la atención. No sé quién le habría convencido para apuntarse al gimnasio. El tipo en sí era clavado al
loco bajito de Loca Academia de Policía e iba vagando por el gimnasio parándose una media de veinte segundos por aparato. Se subía en una bici (después de regular el sillín y pillarse los dedos) y daba tres o cuatro pedaladas. Se subía en la cinta, daba un par de pasos y se bajaba. Se subía a la elíptica, empezaba a trotar y al rato paraba. Así sucesivamente. Un día, después de cinco minutos, cuando ya había hecho toda la ronda, bajó a la piscina. Se equivocó de salida de los vestuarios y en vez de salir por la puerta de la piscina salió en bañador y chanclas por la sala. Caminó un rato hasta que alguien le dijo por dónde tenía que ir. Cuando entró en el recinto de la piscina, se tiró al agua sin ponerse gorro ni nada. Un monitor lo sacó casi a tirones, le llevó un gorrito y ahí empezó la debacle: no sabía ponérselo. Como llevaba el pelo suelto, ni corto ni perezoso estiró el gorro con ambas manos y se lo colocó en la cabeza a modo de gorro de lana, con todas las greñas chorreando colgando por fuera. Después de que le llamaran la atención por segunda vez, no volví a verlo por allí.

No me he vuelto a encontrar a ningún cliente de gimnasio como el que acabo de describir. Los demás son más estándar, pero no por ello menos divertidos.

Segundo gimnasio: no recuerdo el nombre, era minúsculo y no tenía spinning, así que duré dos meses porque las máquinas me aburren. La gente era relativamente normal y mi monitor era campeón de taekwondo o algo así. Un día faltó ese monitor y vino otro: un tío absolutamente artificial y que no había encontrado unas mallas más ceñidas. PaqueteMan, como lo llamábamos cariñosamente mi ex compañera de piso y yo, se empeñaba en explicarnos los ejercicios con términos técnicos, como si nos estuviéramos enterando. Qué tío.


Tercer gimnasio: incluía las palabras "health" y "fitness", pero seguía siendo de barrio. En éste preparaban para oposiciones de bombero y de policía, así que la mayor parte de la clientela eran tíos cachas colgados de una barra. Desde mi posición privilegiada en la bicicleta de spinning yo veía sus hilarantes caras de esfuerzo y me entraba la flojera. No sé si llegarían a las condiciones mínimas para aprobar las oposiciones, porque la mitad del tiempo que deberían estar entrenando se lo pasaban enseñándose mutuamente tatuajes y tratando de ligar con la tía buena de turno.


En el tercer gimnasio había también una categoría de asistentes harto curiosa: las mujeres de pechos operados que se empeñaban en enseñárnoslos en los vestuarios y contarnos cómo había ido la operación, lo poco que se notaba la cicatriz (ja, ja y ja en algunos casos) y lo felices que estaban con dos kilos de delantera. Qué quieres que te diga, pero mi interés en los pechos femeninos ajenos es más bien escaso y me incomodaba ese empecinamiento en ponérmelos a 20 centímetros de la cara.

Hace año y medio me cambié de piso y también de gimnasio. Éste es en el que llevo más tiempo yendo de seguido, así que he podido establecer una tipología de asistentes más detallada. Eso haría que este post fuera interminable, por tanto voy a resumir lo que me he encontrado, dejando aparte los "mazaos", que son ya como el atrezzo de los gimnasios:

- Jovencitas que no se quitan el maquillaje antes de ponerse a hacer ejercicio. Está bien, yo tampoco me desmaquillo para bajar al gimnasio, pero lo mío es moderado. Me refiero más bien a unas cuantas chicas con maquillaje tipo mapache que después de media hora de bici tienen la cara completamente negra. Hace muy mal efecto, la verdad.

- Señoras que van a primera hora de la mañana a "gimnasia de mantenimiento" y entre que empieza la clase y no, se suben a las bicis de spinning a dar pedales. Si no se quedan cuando empieza la sesión, joden a todo el que va con unos minutos de antelación a coger sitio y se encuentran con todos los puestos cogidos. Si se quedan, joden igual, porque en vez de hacer los ejercicios se dedican a hablar. A lo mejor esas señoras tienen una capacidad pulmonar bárbara, o quizá soy yo la floja, pero no me parece muy recomendable ni muy lógico ponerse a hablar durante unos ejercicios que te ponen a 120 fácilmente. No sé, no sé.

- Señores de mediana edad que van por la tarde y se quieren hacer amigos de todas las jovencitas. Agh, agh y agh.

- Señoras que están muy mal de lo suyo pero que en cuanto queda libre la máquina que les interesa, corren como si se les fuera la vida en ello y lanzan miradas de odio a todo aquel que comparta objetivo con ellas. Algo comparable a las señoras que ven un sitio libre en el metro y hacen los 100 metros obstáculos en un pispás.

- Típicos sobas, de todo género y condición, que quieren ser los favoritos del monitor. Para ganarse sus favores les llevan discos que han grabado ellos con música muy chuli que podrían poner un día durante la clase. Los monitores lo agradecen con la mejor sonrisa y luego seguramente tiran los discos en el contenedor más próximo. Lo que no entiendo es por qué esa obsesión de ser aceptado por el monitor del gimnasio. No se adelgaza más ni se desarrollan más músculos por eso. Creo. Si alguien me dice que es así, trataré de encasquetar unos cuantos discos al personal del gimnasio.

- Gente que se lleva su propio material. Me parece lógico que para correr en la cinta los sufridos clientes se lleven su propio reproductor de música, ya que la Máxima debería estar prohibida en los gimnasios pero no es así. Me parece más o menos normal que haya quien se lleva una revista o un libro para leer mientras pedalea. Pero ya llevarse un DVD portátil para poner dibujos mientras corres en la cinta me parece pasarse. Sin contar con la cantidad de leñazos que se puede llevar el aparato.

Para que luego digan que el gimnasio es aburrido...

1 comentarios:

  1. ¿Gente que se lleva su propio deuvedé portátil? Madre mía. Algún día tendré que hacer una lista con la fauna de mi gimnasio, que es bastante más limitada. Eso sí, en Fuenla tenemos hasta distintos tipos de "mazaos".

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