domingo, 27 de febrero de 2011

La caja de los truenos

Como hoy me he levantado pronto para esperar al señor butanero, tengo tiempo para escribir, así que me explayaré sobre el fin de semana. Pensándolo bien, podría ponerme a practicar piano, que falta me hace, pero visto que no tengo montado el teclado contrapesado (por falta de espacio) ni el pedal (por la pérdida del susodicho pedal, no sé dónde ni cuándo), poca cosa útil voy a hacer. Por tanto, vamos con un nuevo capítulo de la blognovela de moda, "The Event".

La semana pasada me llamó mi señor padre diciendo que parecía que el señor del tiempo decía que iba a hacer bueno el fin de semana, y que igual venían a hacernos una visitilla. El mismo día, por la tarde, me llamó mi señora madre para decirme lo mismo. No es que estén separados ni que no se hablen, sino que deben de tenerme en muy baja estima y pensar que a la primera no me entero.

MADRE: ¿Qué quieres que llevemos para comer?

HELL'S TEA: Nada. Tengo yo pescadito para hacer al horno y muchas cosillas.

MADRE: ¿Ni siquiera unos callos que va a preparar tu padre?

A tomar por culo la dieta. Cuando mi madre hace ese tipo de preguntas no está sugiriendo, está imponiendo. Por otra parte, los callos a la madrileña que hace mi padre no son moco de pavo.

HT: Bueno, pues callos. Pero el domingo comemos algo más ligero.

MADRE: Compramos unos pollos.

HT: OK a los pollos.

Se lo comenté a mi marío y le entraron los nervios.

HT: Que vienen. Así que ya puedes ir preparando el discurso.

MARÍO: El discurso. Sí, el discurso. Estooo... ¿por qué no hacemos lo de tu tío?

"Lo de mi tío" se refiere a lo que le pasó a mi tío en la pedida de mano de mi tía, a la sazón hermana de mi padre, hace más de cuarenta años. Mientras estaban tomando café mis abuelos, mi padre y sus hermanos junto con la familia del que se convertiría en mi tío, éste trataba de sacar del bolsillo de su chaqueta una pulsera "de pedida" dentro de un aparatoso estuche en forma de concha. Cada vez que medio se hacía el silencio, mi tío se echaba la mano al bolsillo y empezaba a decir "Bueno, yo...", y los demás le interrumpían a propósito, con lo cual él volvía a introducir la pulsera en el bolsillo y esperaba a mejor ocasión para "pedir la mano". Así cuatro o cinco veces. El pobre estaba desesperado. La idea de este fin de semana es que mi marío empezara a decir "Bueno, yo..." y que yo lo interrumpiera con cualquier chorrada hasta que mi padre soltara un "Pareces T_____ en la pedida de mano de mi hermana", y responder un escueto "Precisamente".

HELL'S TEA: Ya veremos si hacemos "lo de mi tío" u optamos por algo más estándar.

El viernes por la tarde hice una tarta de limón light para compensar el tema de los callos. El sábado por la mañana se presentaron mis padres y sacaron toda la artillería pesada:

MADRE: Ve poniendo los callos en una olla para que se deshaga la gelatina. Y toma, he comprado pepitas de chocolate para hacer una fondue de fruta de postre. Ahora bajamos a comprar unas fresas.

HT: Si tengo postre hecho...

M: Bueno, pero a tu cuñada le gusta mucho el chocolate.

HT: Es que ella no va a venir hoy.

M: Pues nos lo comemos nosotros.

Haber empezado por ahí. Bajamos a comprar fresas y a mi madre, además, se le antojó comprar unas banderillas, helado de straciatella y un spray de nata montada. Bueno, pues de perdidos, al río.

Vino a comer mi suegra, que para más coña trajo unos plátanos (los tengo prohibidos hasta dentro de muchos meses) y mientras yo estaba preparando la fondue, vino mi marío a la cocina.

MARÍO: ¿Opción tío u opción estándar?

HT: Estándar, y tirando a suave. No sea que la caguemos. Es decir, "estábamos pensando", "no tenemos fecha aún" y esas cosillas. ¡Joder!

M: ¿Qué?

Abrí la puerta del microondas, donde se estaba fundiendo el chocolate, y salió una humareda densa de chocolate quemado que invadió toda la casa (lo cual tampoco es un mérito dada la superficie de la misma). No sé cómo demonios una de las pepitas se había carbonizado. Por otra parte, lo agradecí: mis padres y mi suegra estaba ya medio intoxicados y eso iba a servir de vaselina para la noticia. Retiré la pepita carbonizada y serví la fondue. Ahí estabamos todos, pinchito en mano (cosa muy imprudente, porque como todos sabemos un pinchito de fondue puede llegar a ser un arma muy peligrosa) y mojando las fresas en chocolate.

MARÍO: Bueno, pues nada, que aprovechando que estamos hoy todos, queríamos decir que... bueno, a ver, no hay nada decidido aún, es una idea que estamos perfilando pero... pues... nos gustaría... casarnos.

Reacciones a la noticia:

MADRE: Sniff.. qué alegría... sniff, sniff... qué alegría, hijos... sniff, sniff.

PADRE: Sniff, sniff... (y salir corriendo al baño)

SUEGRA (con amplia sonrisa): Mira, pues muy bien, ¡enhorabuena!

Mucho me temí que hubiera que llamar al Samur porque mi padre se atragantó. Después, cuando se les normalizaron las constantes a todos, nos dijeron que se alegraban mucho, llamaron a mi hermano y le dijeron que le tenía que decir una cosa.

HERMANO: ¿Qué pasa?

HT: Nada, oye, una pregunta, ¿tú quieres ir de boda?

HERMANO: Bueno, ¿de quién?

HT: Mía.

HERMANO: ¿Cómo?

HT: ¿Tú quieres o no quieres?

HERMANO: Bueno, pero... ¿cómo?

HT: ¬¬ ¿¿¿SÍ O NO???

HERMANO: Bueno... pues... sí, claro, ¿cuándo?

HT: Ya has hecho más de tres preguntas, has perdido, lo siento.

Luego mi marío llamó a su hermana, pero no sé exactamente qué le dijo. El caso es que parece que se alegró mucho.

Una vez abierta la caja de los truenos, lo peor está por llegar. Inmediatamente mi madre preguntó si por la iglesia o por lo civil. Por supuesto, el tema de lo civil no le hizo especial gracia, pero ahí fui inflexible.

MADRE: ¿Y después pensáis hacer alguna comida o algo?

HT: Pues sólo faltaba. Si lo interesante de una boda es la fiesta, no la ceremonia en sí.

Acto seguido, tuve que sacar el ordenador al salón, hacer una lista provisional de invitados y buscar hoteles y restaurantes en internet mientras todo el mundo daba su respectiva opinión y mi madre organizaba el tema, ordenando a mi padre que durante esta semana se dedicara a recopilar menús por todos los hoteles. Después entró en un par de webs a mirar vestidos de novia.

HT: El vestido se lo voy a encargar a mi amigo el diseñador.

MADRE: Bueno, bueno, bueno.

HT: Dices eso porque es una loca y un modernuqui, pero ha estudiado la carrera de diseño de moda y estilismo. Es decir, que algo sabe. Y tiene buen gusto.

No me tomaron muy en serio, porque por la tarde salimos a dar una vuelta y tomar una ración de calamares (dietéticos) y volví a casa cargada con el catálogo de Rosa Clará y un par de folletos más.

Ayer por la mañana mis padres se presentaron en casa con chocolate, churros y porras, por eso de continuar con la dieta. A media mañana bajamos a dar un paseo y al volver a casa pasamos por donde mi suegra para que viniera a comer con nosotros. Quiso el destino que no estuviera ella en casa, sino mi cuñada y su novio (ella me dio la enhorabuena ésa que se da a los que se casan, él no. Él saludó con mucho esfuerzo), quienes nos hicieron saber que estaba en una reunión de la comunidad y que ya había hecho comida, así que no bajarían a comer con nosotros. Según salíamos nosotros por la puerta, mi suegra subía las escaleras. Tras mucho tira y afloja, terminamos quedándonos a comer allí. Yo me acerqué a mi casa para recoger lo que había sobrado de comida del día anterior y ponerlo a modo de pinchito y así poder empezar hoy lunes otra vez con la dieta. Cuando ya estaba llegando, llama mi madre.

MADRE: Oye, que os paséis por una pastelería y compréis unos pasteles.

HT: Si ya subro fresas y helado...

M: Pero es que ha llamado tu hermano, que le han renovado por un año, y hay que celebrarlo.

Compramos los pastelitos, nos regalaron una baguette de medio metro y nos pusimos como el Quico durante la comida. Mi marío cometió el acto hipócrita de haberse puesto fino de comida y tomar el café con sacarina. Yo ya pasé. En fin, todo muy bien, todo el mundo muy feliz y contento, y yo con la sensación de que no voy a pintar nada en mi propia boda. Hay que atajar esto pronto.

EPÍLOGO

Esta mañana nos enfrentamos a la báscula cruel. Mi marío ha ganado dos kilos que llevaba perdidos esta semana. Yo he perdido uno y pico. ¿Tendré que seguir desayunando chocolate con churros para poder entrar en el vestido?

1 comentarios:

  1. Te lo dije: corres el peligro de que se convierta en la boda de tu suegra y tu madre. Por el momento sólo he visto a una novia con el valor suficiente para mandar a todo el mundo a freir monas y organizar su propia boda (y despedida y hasta cena de bienvenida para los invitados la noche antes) y el resultado fue un padre loco de contento y una madre lloriqueando y poniendo pegas, pero ésa la vas a tener igualmente.

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