domingo, 24 de abril de 2011

Roma, brevemente

Como algunos de mis amables lectores ya saben, he estado unos días en Roma disfrutando de unas merecidísimas vacaciones a costa del regalo de reyes que me hizo mi marío. No voy a ponerme a contar todo el viaje porque me extendería más de lo que ya acostumbro, y el que esté interesado, que pregunte. Sólo unos breves apuntes según vayan surgiendo:

- Nada más llegar a Fiumicino vivimos el momento absurdo del día: en la misma cinta de equipajes que nos tocaba a nosotros se encontraba un grupo bastante numeroso de militares que venían de Cagliari esperando sus maletas. Maletas que no eran maletas, sino macutos de camuflaje. Todos iguales. Me recordó un poco a aquello de los viajes de fin de curso, con las madres atando un lacito rojo en la maleta de sus hijos, y su consecuencia inmediata: decenas de maletas similares dando vueltas en la cinta; eso sí, todas fácilmente reconocibles por su lacito rojo.

- Hay gente con mucho morro y bastante maleducada. Esto no es ninguna novedad, pero bueno. Cuando estábamos sacando los billetes para el Leonardo Express se nos acercaron dos chicas-señoras españolas y se acoplaron (probablemente si hubieran tenido que sacar los billetes ellas solas, en estos momentos estarían aún peleándose con la máquina). Compartimos fila en el tren y cuando llegamos a Termini salieron pitando y no fueron capaces ni de despedirse. Pues nada, hasta otra, simpáticas.

- El dueño del hotel usaba dos pares de gafas. A la vez. Unas encima de otras. Con la de ofertas que tiene Alain Afflelou, de verdad que no lo entiendo.

- A las 8 de la mañana venían a traernos el desayuno más rico del mundo, compuesto por café, zumo de naranja sanguina, un croissant calentito y dos tostadas. No sé si me ha sabido a gloria por el tiempo que hacía que no tomaba un zumo, un croissant y una tostada (cosas de las dietas, que son caprichosas). Pero el caso es que han sido los cuatro mejores desayunos de mi vida.

- Por primera vez en muchos años he tomado café para desayunar y después de las comidas; nada de té o infusiones. Tranquilos, no voy a cambiar el nombre del blog por "Hell's Coffee". Pero es que donde esté un café como el que sirven en Italia, que se quite el Nespresso, el Starbucks y el café espeso de Portugal. De regreso a la cruda realidad, he vuelto al té.

- Roma es como en las películas: parece que estás todo el rato en un decorado cinematográfico. Y además hay personajes vistos mil veces, como el dueño de un restaurante abroncando a un camarero y soltando improperios en un italiano ininteligible.

- Es verdad que el transporte público es un chiste. Sólo cogimos el metro una vez, y fue para tratar de evitar (infructuosamente) una cola muy larga en los Museos Vaticanos. Dejar pasar tres trenes hasta que cupimos en uno fue demasiado para mí. Por otra parte, los autobuses son la mar de divertidos: como no te venden billetes a bordo, puedes viajar por la jeta siempre que no te pille un revisor (¿existen?) Unos por otros: tú no pagas el billete y los autobuseros dan unos bandazos de cuidado para partirte las rodillas, o para atropellarte si estás tratando de cruzar una calle.

- Hay montada en el Coliseo una exposición sobre Nerón que ha hecho que ese personaje, a priori tan antipático, me caiga bien. Los tenía muy bien puestos, sí señor.

- Quiero una casita en el Trastévere, a ser posible cerca del restaurante Carlo Menta, para poder comer a la carta y sin arruinarme todos los días. A la representante de mis lectores, gracias por la recomendación.

- Los señores del hotel eran TAN monos que el último día nos dejaron una cestita de huevecillos de Pascua. Como nos habíamos saltado la dieta sistemáticamente, decidimos comérnoslos. Así da gusto.

- Apartado televisivo: 1) Nos quedamos con las ganas de hacer una putadita a los de la Rai y cerrarles las viseras de todos los cuarzos que habían instalado en el Coliseo para la retransmisión del Via Crucis, pero al final nos portamos bien. 2) El logo antiguo de la Rai, aún presente en las unidades móviles, son dos perfiles enfrentados y girados 45º en sentido "counterclockwise", y no unas coordenadas cartesianas, como yo creía. Qué revelación. 3) La tele en Italia es como Telecinco en España hace 20 años. Evolucionen, por favor.

- Todavía me duelen los pieses y las piernas, pero mañana volvería a coger un avión para Roma sin dudarlo. ¿Alguien se anima a hacerme ese regalito?

2 comentarios:

  1. Lo bueno de Roma es que se ve igual en vivo que en fotos o por la tele. Claro, es lo que tiene que toda la ciudad parezca de cartón-piedra. ¿Llegastéis a encontrar algún local de comida al peso?

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  2. Qué va, no vimos nada de comida al peso. Tampoco te creas que buscamos muchísimo, porque generalmente a la hora de comer/cenar estabamos tan muertos de hambre que entrábamos en el primer sitio con precios razonables, excepto el día del Carlo Menta (aunque, más que buscarlo, nos encontramos con él de frente).

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