lunes, 30 de mayo de 2011

De cumple

El mes de junio con un poquito de mayo por delante y un poquito de julio por detrás suele tener consecuencias devastadoras para mi bolsillo. En poco más de un mes tengo cuatro cumpleaños, y no de amiguetes, sino de mis padres, mi hermano y mi cuñada. El año pasado pude hacerles unos regalos bastante decentes gracias al rédito obtenido de mi saber inútil acumulado. Este año, mi hermano, que ha sido el primero, se ha tenido que conformar con tres calzoncillos y una regadera en forma de elefante. Con mi padre, que cumple 60 dentro de ná, voy a tener que rascarme más el bolsillo, o exigirle a mi hermano que, por una vez, pague él íntegro el regalo. Con mi madre no va a ser menos. Y lo de mi cuñada ya me preocupa menos; no en vano ella nunca me ha regalado nada por mi cumple.

Peeero... lo que este año me quita más el sueño no es que mi cuenta corriente acabe acojonada y temblando en un rincón, despojada de su contenido, sino que en los cumpleaños familiares se suele comer bien. Y se suele comer tarta. Para colmo, mis súplicas de este año han sido desoídas.

MADRE: ¿De qué hago la tarta para el cumpleaños de tu hermano?

HELL'S TEA: Pues... la que menos mal me viene es la de fresa.

M: Es que a tu hermano siempre se la hago de chocolate y natillas.

HT: Pero otros años has hecho las dos.

M: Ya veré.

Para qué me preguntará si luego no me va a hacer caso. El sábado me despierto en casa de mis padres, voy a la cocina y me encuentro a mi madre varilla en mano removiendo un sobre de flan Royal. Sospechoso, porque la tarta de chocolate y natillas se hace con flan Potax, que es pura harina de maíz y queda con una textura más parecida a la de las natillas que a la del flan.

HT: Exijo una explicación al flan Royal.

M: Anda, coge un paquete de sobaos y ponlos en un molde caramelizado.

HT: ¿Ein?

M: Es que en vez de hacer la tarta de fresa, que la hicimos hace poco, voy a hacer la de sobaos y flan.

HT: Ah, fenomenal, gracias.

No sólo mi madre me iba a boicotear la dieta. Mi propio marío, parte interesada, también hizo lo suyo.

MARÍO: El lunes voy a comer a casa de una compañera y le he dicho que llevo el postre.

HT: Será muy inocente por mi parte suponer que vas a comprar una Comtessa.

MARÍO: Había pensado en la tarta de tres chocolates.

HT: Ahá. Pues se necesitan 600 ml. de nata, 600 ml. de leche, tres tabletas de chocolates, galletas...

MARÍO: Que yo soy un torpe... ¿por qué no me la haces tú?

HT: Ya. Y luego querrás que te la pinte con colorante con el logo del programa.

MARÍO: Sí, precisamente. O bueno, si lo del colorante es un follón, hacemos una plantilla y le echas cacao.

Conclusión: me tocó hacer la tarta de tres chocolates, y como evidentemente en casa de mis padres no tengo a mano mis moldes, tuve que bajar al chino a por un molde de aluminio. Allí los moldes disponibles eran:

- Bandeja de barbacoa de 50x30. Mucha tarta para sólo 8 personas.

- Flaneras cuadradas. Sí claro, y hacer tartas individuales, qué más.

- Molde de cake: Ni hablar, que no cuaja ni a la de tres.

- Caja redonda para pollos asados. Perfecta para despistar al enemigo.

Al final cayó la caja de los pollos, que tenía un diámetro aceptable. Lo malo es que cuando hice la tarta, sobró un poco de las tres cremas de chocolate, y como yo no tiro nada, lo eché todo en una flanera que tenía mi madre por ahí.

Conclusión: el cumpleaños que iba a pasar discretamente con una tarta de fresa si bien no dietética, al menos ligera, se convirtió en una orgía de dulce y calorías.

¡Así no hay quien haga dieta!

5 comentarios:

  1. Como se suele decir en estos casos, por un día no pasa nada (o no debería).

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  2. Exacto, no debería. Pero luego la báscula es mu' mala persona. Menos mal que no tengo la que venden ahora en el Lidl, que además habla. Seguro que te insulta si engordas.

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  3. Ya, la he visto en el catálogo y pienso seguir con mi báscula analógica de Ikea, que además la tengo mal calibrada a propósito para que mi madre no se flipe.

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  4. ¿Mal calibrada por exceso o por defecto? Las electrónicas no se pueden calibrar y no te puedes dar el gustazo de hacer la trampilla. Lo mejor es encontrar una que tienda a pesar de menos, como la mía. La de mis padres hace lo contrario: es un modelo muy mono, de cristal, pero te echa kilos de más. Tanto, que una amiga mía se compró la misma y le decía que pesaba 150. Casi le da algo.

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  5. Según sea necesario. Si mi madre está a régimen, la trampeo para que se ilusione y vuelva a comprar helados, frutos secos y esas cosas. Si veo que se está flipando (un día la pillé hurgando en mi armario) o que pierde peso alarmantemente deprisa por preocupaciones varias, le pongo kilos.

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