En episodios anteriores, Familiar Malvado decidía trastocar los planes de cinco personas con una curiosa táctica: palmando.
Nos habíamos quedado en que llegamos a Madrid y yo estaba muy malita, con mareos, náuseas e inapetencia, así que me fui a la cama esperando encontrarme mejor la mañana siguiente.
A eso de las 6 de la mañana me levanté con un dolor de tripa infernal y unos retortijones "que pa' qué", que diría mi abuela.
Las cinco horas siguientes fueron demasiado escatológicas como para contarlas por aquí, y yo misma me encomendé una doble misión: ponerme buena y ocultárselo en la medida de lo posible a mis padres, que ya sólo faltaba que se preocuparan por una tontería así. Lo malo es que se supone que había quedado en llegar a su casa a comer, pero se estaban acercando peligrosamente las 12 del mediodía, hora límite para salir de Madrid y llegar a la hora de comer, y no parecía que aquello se fuera a cortar. Lo único que agradecí en ese momento fue que mi cuarto de baño es pequeño y el retrete está pegado a la bañera.
Mandé a mi marío a comprar Aquarius y traté de poner mi mejor voz para llamar a mis padres y decirles que ya íbamos a salir, que la noche anterior cogí frío y había pasado mala noche pero que no era nada y no sé cuántas milongas más. Me armé con un arsenal de bolsas de plástico y bajamos al coche. Quinientos metros más tarde ya estaba vomitando todo el Aquarius que había tomado y maldiciendo que hagan bolsas de plástico con agujero en la parte inferior.
Las dos horas y pico de viaje fueron el horror: prohibí terminantemente a mi marío poner la radio porque todo sonido retumbaba en mi cabeza y me mareaba. Si a esto le añadimos que el coche es viejito y presume de un Pure Diesel Sound que taladra los oídos y que empezaba a darnos el sol de cara, la consecuencia es que lo pasé rematadamente mal. Trataba de quedarme dormida pero no había forma. Y cuando llegamos a casa de mis padres y me miré en el espejo del ascensor vi que no iba a haber manera de disimular lo mal que me encontraba.
MADRE: ¡Hija, pareces un zombi!
PADRE: Te he hecho arroz hervido.
Ver semejante montaña de arroz hervido (eso sí, con una pastillita de avecrem, porque mi padre enriquece) me volvió a provocar náuseas, pero aún así me comí una cucharada. Llevaba comida media cucharada y sonó el teléfono:
SUEGRA: Oye, que te paso a Señora del Pueblo que También Estaba Invitada a The Event.
SPTEITE: Hija, que no sé qué ha pasado, pero mi marido se ha puesto malo hoy, hemos ido al médico y tiene una gastroenteritis terrible, no se puede ni mover, y me da miedo que ande cogiendo el coche tal y como está, así que, sintiéndolo mucho, no vamos a ir a la boda. En el consultorio nos han dicho que es un virus y que está todo el mundo igual. No creo que se le pase para el sábado. Pero te mandamos regalo, ¿eh?
En ese momento todo encajó como un puzzle cósmico. El día antes yo había estado con ese señor, a la sazón el funerario del pueblo, y me había plantado los dos besos de rigor (varias veces, ya que es amigo de mi ahora familia política y, a más afinidad, más besos). Con razón me parece más higiénico dar la mano. No evita el contagio, pero lo difiere. Creo yo.
Acto seguido me fui a la cama. Con el nórdico y todo, me quedé helada, me subió la fiebre y a las seis de la tarde mi madre decidió que tocaba ir al médico. Me vestí como buenamente pude y le dije a mi marío que se vistiera también.
MARÍO: Pues el caso es que me encuentro yo también un poco revuelto...
HELL'S TEA: Creo que en el centro de salud nos hacen un 2x1 por ser jueves.
Estuvimos esperando cosa de media hora, durante la cual me dio tiempo a tener que ir al baño cuatro veces y descubrir en una de esas idas y venidas que, si bien ya tenía asumido que lo de la noche de bodas es un mito, no iba a tener ni siquiera la ocasión de comprobarlo. Por fin llegó nuestro turno. Mi madre, para variar, se empeñó en entrar conmigo y dejar a mi marío fuera.
MÉDICO (sacando de la impresora un taco de hojas de dieta blanda): ¿Cuáles son los síntomas?
Se los relaté y no se sorprendió.
MÉDICO: Como vomitas te voy a dar primperán. ¿Lo quieres pinchado o en jarabe?
HT: Jarabe.
MADRE: Pinchado.
HT: Jo, ma...
MADRE: ¡Que en jarabe lo vomitas y no te hace nada! Es que, ¿sabe usted? se casa el sábado.
MÉDICO: Bueno, estas gastroenteritis se pasan en 48 horas. El viernes estarás perfectamente.
HT: ¡Hoy es jueves! ¿El tiempo pasa de manera distinta para los médicos que para el resto de los mortales o qué?
MÉDICO: Eeeeer... tranquila, mujer, que vas a estar bien. Entonces, ¿llamo a la enfermera para lo del primperán?
HT: Ella manda.
MÉDICO: Y te voy a tomar la tensión.
HT: ¡Mierda!
MÉDICO: ¡Si no duele!
HT: ¡Pero da grima, joder!
Me dejé torturar y puse el culo con resignación. En realidad monté el pifostio para dar una imagen de tía fuerte que ni se inmuta con una simple gastroenteritis, pero si la doctora sabía leer entre líneas seguro que entendió algo así como: "haga lo que sea, opéreme o lo que haga falta, pero por Dios, que no tenga que cancelar la boda".
Después entré yo con mi marío.
HT: Él también se casa el sábado.
MÉDICO: ¿Así que vosotros doooossss...?
HT: Elemental.
MÉDICO: Bufff... ¿pero qué habéis hecho?
HT: No me haga hablar.
Mi marío se libró del primperán pero tenía la tensión escandalosamente baja y mi hermano lo llevó en coche a casa. Yo subí andando por si acaso: mi hermano y chófer de The Event había llevado a limpiar el coche por dentro y yo no me fiaba de mí misma.
Al llegar a casa llamamos a mi suegra para contarle toda la movida.
SUEGRA: Yo estoy igual. Me encuentro fatal. Llevo un rato que no paro de ir al baño, y tengo un malestar...
Ya habíamos caído tres. ¿Quién sería el siguiente?
Un rato después se presentaron en casa mi abuela, cuatro tíos, tres primos y dos primos consortes, así de golpe, para "dar el sobre" y traer un regalito. Duraron cinco minutos en casa, en lo que pude decirles "gracias" y "disculpad, que voy al baño" antes de volver a vomitar (el primperán no es infalible ni pinchado, se ve). Se fueron, me metí en la cama y me volvió a subir la fiebre bastante. Mis padres estaban desesperados y mi marío llevaba un par de horas en la cama y no se le oía. Al poco vi una sombra atravesar el pasillo y comprobé que el pobre llevaba la misma evolución de mi gastroenteritis pero con 12 horas de retraso.
Todo puede empeorar, ¿o no?
jueves 20 de octubre de 2011
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Luego dirán que casarse no es para tanto y que las novias se ponen histéricas por cualquier cosa.
ResponderSuprimirLo mío más que histeria fue incredulidad :S
ResponderSuprimirInevitablemente, leyendo el blog de Laura he llegado hasta aquí. Así que ahora estoy siguiendo The Event según las dos. ¡Intrigadísima estoy! Al menos sé que sí llegasteis a casaros ;)
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