lunes 17 de octubre de 2011

Enmarronarse fue divertido

Y eso que unos días antes pensé que no iba a ser divertido en absoluto. Es más, pensé que lo que llevaba preparando ocho meses se iba a ir a la mierda por una tontería.

Cuatro días antes de The Event estaba yo haciéndome una limpieza de cutis, con la cara toda pringada de mascarilla y escuchando una musiquita de lo más relajante, cuando me suena el teléfono.

LIMPIADORA DE CUTIS: ¿Quieres cogerlo?

HELL'S TEA: No, que llamen luego.

Al rato volvió a sonar y volví a decir que no importaba, que ya lo atendería.

A los dos minutos sonó el otro móvil y ya me empecé a inquietar, pero con todo el pringue en la cara no era plan de cogerlo y total, me quedaban diez minutos de mascarilla nada más.

Inmediatamente empezaron a sonar notificaciones de WhatsApp y yo comencé a preocuparme.

HT: Pues casi que me vas a acercar el bolso...

La limpiadora de cutis, muy discreta, salió de la salita y me dejó sola ante el teléfono. Lo que sospechaba, mi entonces marío tenía algo urgente que decirme.

HT: Estoy con una mascarilla en la cara que me tira una barbaridad. Más vale que sea urgente.

MARÍO: Familiar Malvado se ha puesto malo.

HT: Ufff...

Y puse cara de pena. Luego la quité, por dos razones: uno, la mascarilla me hacía polvo y dos, no había quien pudiera verme.

MARÍO: Y no va a poder venir a la boda.

HT: ¿De verdad? Bueno, igual mejora de aquí al sábado.

M: Tiene un porrón de años. No creo que esté en condiciones. Anula la reserva del hotel, anda.

HT: Comme vous voulez. Luego no digas que soy yo quien no quiere que venga.

Después entró la limpiadora de cutis, me retiró todas las guarrerías que tenía puestas, me hizo un montón de recomendaciones del alma a las que no hice caso (todas pasaban por comprar cremas y yo, señora casada, puedo afirmar que nunca me he dado una hidratante porque tengo una piel estupenda) y yo fui a casa de mi suegra, que vive al ladito.

SUEGRA: Acaban de ingresar a Familiar Malvado, ¿te lo ha dicho tu marío?

HT: Sólo me dijo que estaba malo.

S: Pues ya ves. Anula la reserva del hotel.

HT: En cuanto llegue a casa.

S: Vaya faena, con la ilusión que le hacía.

HT: Oh, sí, desde luego.

S: Aunque casi mejor, tú imagínate que se nos pone malo allí.

Se me pasó el momentazo "se nos pone malo allí" como cuando (dicen) pasa toda tu vida por delante de tus ojos cuando estás más p'allá que p'acá. Vi a Familiar Malvado convulsionando durante la ceremonia y dije:

HT: Definitivamente, mejor. Mucho mejor.

Volví a mi casa, comí y ya me disponía a salir hacia el cole cuando suena una vez más el teléfono.

HT: Dime, marío.

M: Que se ha muerto Familiar Malvado.

HT: Joder. Digo cáspita.

M: Estoy saliendo del curro. Nos vamos al pueblo.

HT: Yo tengo que dar la clase, no puedo anularla. Llamo a mi jefe y anulo la de mañana, pero dame dos horas y dejo lo de hoy rematado.

De camino al cole llamé a mi jefe y a mi amiga diseñadora que justo esa tarde me iba a hacer los últimos arreglos del vestido postboda.

AMIGA DISEÑADORA: No te preocupes, yo hago los últimos ajustes a ojo, pero por si acaso llévate un vestido Plan B, no sea que no te quede bien el mío.

La clase se me hizo eterna y dejé sueltos a los niños casi diez minutos antes. Por suerte, allí estaban puntuales todos los padres. De camino a casa llamé a una "redactora junior" que es amiga mía y le comenté todo el rollo.

HT: Dando por saco hasta pa'morirse.

REDACTORA JUNIOR: Me recuerda a alguien...

Cualquiera que lea esto pensará que somos malísimas personas, insensibles y que se alegran de la desgracia ajena. Pues no. Es realismo. Nada de paños calientes. Eso de elevar a los altares a la gente sólo porque ha fallecido no va conmigo.

En casa, mi marío estaba hecho mierda. Tanto, que le pregunté si quería que anuláramos todo el tinglado. (Nota: lo de Familiar Malvado es cosa mía, no de él ni de su familia. Lo tenía atravesado, qué le vamos a hacer). Dijo que ni hablar y salimos al pueblo. El viaje se nos hizo eterno, y más eterno aún estar dos horas en el velatorio aguantando el corcho, con la gente del pueblo echando lágrimas de cocodrilo. Yo puse mi mejor cara de circunstancias, me senté lejos de la cajita (¡bicho, bicho!) y de vez en cuando sacaba a mi marío a tomar el aire, porque lo estaba pasando realmente mal.

En próximas entregas: el día después, o cómo todo puede empeorar.

1 comentarios:

  1. Empiezo a pensar que hay una ley secreta que obliga a todas las familias a tener un familiar malvado. De una tía de mi madre se rumorea que por las noches da paseos en escoba por el pueblo buscando bebés de los que alimentarse.

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