jueves 3 de noviembre de 2011

Enmarronarse fue divertido (IV)

En episodios anteriores, nos invade un terrible virus que está a punto de mandar The Event a tomar vientos.

Al día siguiente yo me levanté bastante mejor. Pude incluso devolver el sonido al móvil (aunque lo tuve que volver a quitar para que mi familia no me matara, ya que a lo largo del día me llegaron muchos e-mails, y cuando digo muchos, I mean it, sobre los que se hablará, presumiblemente, en la próxima entrada de este blog) y, aunque estaba bastante floja, por lo menos no me encontraba terriblemente mal.

Mi marío también había mejorado un poco y a primera hora se fue a cortar el pelo. La idea era hacerlo el jueves por si no nos gustaba cómo le quedaba y había que ponerle solución, pero ya el día antes no teníamos demasiada capacidad de maniobra. Por suerte, el señor peluquero acertó y lo dejó muy guapo (o eso dice mi madre, firme defensora de la máxima "pa' llevar el pelo recogido en coleta, mejor te lo cortas"). También le recortó la barba, aunque no lo suficiente, así que tuve que rebuscar entre las bolsas de amenities de hoteles que hay en casa de mis padres, como en todas, para encontrar una de esas maquinillas desechables que te acaban arrancando la piel a jirones. Quien diga que en su casa no hay amenities de hoteles miente como un bellaco, que aquí todos somos chorizos hoteleros que nos llevamos hasta los peines de plástico. Pude rescatar una maquinilla marca BIC, lo que me hace pensar que fue sacada de un hotel de categoría, y mi marío se dejó una barbita primorosa que, unida a su nueva melenita de príncipe de Beukelaer, le daba un aspecto muy respetable, si no fuera por la extrema palidez y las ojeras.

Me alivió ver que no había contagiado nada a mis padres ni a mi hermano, porque podría haberse dado el caso, y ello conllevaría tener que llegar al día siguiente al ayuntamiento en autobús, amén de tener que comprar unas cuantas palanganas y meterlas bajo la mesa presidencial por si las moscas.

Según fue pasando la mañana yo me iba recuperando casi milagrosamente, aunque todavía no tenía hambre, así que seguí con mi dieta autoimpuesta de Aquarius. Los e-mails con noticias de Egipto siguieron llegando y traté de no ponerme demasiado nerviosa, cosa que no fue muy difícil porque no tenía fuerza siquiera para eso. A primera hora de la tarde fuimos al hotel del banquete a llevarle a la relaciones públicas los regalitos de madrina y padrino, los alfileres de novia, las minutas y los números de las mesas para que fuera montando todo el tinglado. Total, siete cajas que tuvimos que llevar en dos coches.

RRPP: Pero muchacha, ¿qué te ha pasado?

HELL'S TEA: Gastroenteritis.

RRPP: Oye, pues te has quedado estupenda, a ver si me cojo yo una de ésas.

HT: Para ti toda ¬¬.

RRPP: Bueno, pues mañana sobre las 14:45 que empiecen a venir los invitados y a las 15:15 vosotros, qué menos que estéis 15 minutillos en el cocktail, ¿no?

HT: Un poco justos vamos a ir.

RRPP: Que no, mujer, que la boda es a las 14:00.

HT: Eso pone el papel, pero yo me juego el cuello a que vamos con retraso. Que antes de la mía hay otres 6 bodas y como vayamos acumulando minutillos, no llegamos.

RRPP: Vosotros venid en cuanto podáis, que yo os espero aquí para veros.

Superado el momento hotel, mi marío y yo nos dirigimos a una famosa tienda de caramelos a comprar chupigaitas para poner en cestillas en la barra libre.

HT: Me pone caramelos sin azúcar, de ésos de Solano.

SEÑOR DE LA TIENDA DE CARAMELOS: ¿Sólo de Solano?

HT: O no, pero tipo Solano.

SDLTDC: ¿Variados?

HT: Sí.

SDLTDC: ¿Pero sólo de Solano?

Está visto que o yo tengo la negra con los dependientes de caramelos o no exigen un currículum brillante para entrar a trabajar en estos establecimientos.

HT: Venga, sí, sólo de Solano. Y otra bolsa de Sugus.

SDLTDC: ¿Sólo Sugus o también de otros masticables?

HT: Pues de todo un poco. Y una bolsa más pequeña de Gummys, y otra de esos caramelos pequeñitos de frutas.

SDLTDC: ¿Algo más?

HT: Nada más.

SDLTDC: Tomad, unos caramelos para el camino.

Lo más propio, después de día y medio sin comer, zamparnos unos cuantos caramelos.

Regresamos a casa a media tarde y mi marío llamó a su madre para ver cómo iba la cosa. Mi suegra, mi cuñada y su novio debían salir de Madrid para llegar a cenar a casa de mis padres. En eso habíamos quedado. Teniendo en cuenta que mi suegra está jubilada, mi cuñada no trabajaba puesto que le correspondían días por lo de Familiar Malvado y el novio de mi cuñada salía a las 3 de currar, las 6 de la tarde parecían una buena hora para cargar el coche y ponerse en marcha. Eran las 7 y no habían dado señales de vida, razón por la cual mi marío llamó a mi suegra.

SUEGRA: Pues es que aún no sé nada de ellos. Me dijeron que sobre las 6, pero no sé nada.

MARÍO. ¿Y no puedes llamarlos para ver cómo van?

S: Es que no les quiero meter prisa, que se habrán echado la siesta.

M: ¿La siesta? ¿LA SIESTA? No me toques las narices.

S: Hijo, y yo qué quieres que le haga.

M: Nada, no hagas NADA.

La cosa pintaba mal. No es que mi familia política sea un prodigio de puntualidad, pero me esperaba un poco de esmero teniendo en cuenta que no iban a alojarse en un hotel, sino en una casa particular, y que al día siguiente todos teníamos que madrugar. A las 9 mi marío volvió a llamar a su madre.

S: Pues chico, que no han venido aún, no sé nada.

M: Joder, mamá, que aquí hay gente esperando para cenar, que queremos irnos a la cama pronto, es que sois la leche.

S: ¿Y a mí qué me cuentas? Habla con tu hermana.

Dicho y hecho.

M: ¿Como vais?

CUÑADA: No hemos salido todavía.

M: afhqhndnhoifnjk,vnxsñjiorannaliso2wnvnajlgiugaknjaoiy8haESPERANDOPORVOSOTROSangañsghioqanjlvdnmk.,asSOISLAHOSTIAfahavbhewnjl.njklbauoñpaHABÍAMOSQUEDADOgahioñabjnkbanñreihoagnjka9o29uYAOSVALE.

C: Es que eso no depende de mí.

M: Depende de mí, no te jode.

C: Es que hay que preparar muchas cosas.

M: Mira, haced lo que os dé la gana.

Al poco llama mi suegra.

S: Oye, que vamos a salir ahora, que es que por lo visto cuando estabas hablando con tu hermana, su novio estaba vomitando, que parece que también se ha puesto malo.

M: ¿Y no puede decir nada? ¿Sólo se le ocurre decir que no depende de ella? ¿Qué le costaba decir que su novio estaba malo? Se explican las cosas y fin del problema...

S: Hala, venga, ya, tranquilo, cuando lleguemos, llegamos, y ya está.

Ahí estábamos todos en un estado de nervios nada envidiable. Mi marío se sentía fatal porque su familia no estaba respondiendo bien. Mi madre estaba nerviosa porque era bastante tarde. Mi padre trataba de poner un poco de calma, pero también estaba de mala leche. Y yo estaba pensando dónde van las neuronas perdidas.

Llegaron pasada la media noche y nos fuimos a la cama más tarde de la 1. A la mierda las 8 horas de sueño que pretendía tener. Ya no quedaba nada para The Event...

3 comentarios:

  1. Y digo yo, ¿tu suegra no podía llamarles a preguntar qué pasaba y por qué no iban a recogerla? Teniendo en cuenta que los cuñaos no tenían mucha intención de avisar a nadie, hubiera agilizado mucho las cosas.

    ResponderSuprimir
  2. Se ve que no. La siesta es sagrada y su duración, indefinida. A mí hay cosas que se me escapan... Por cierto, la nueva entrada de tu bló sólo la puedo ver en el mac... ni en el pc ni en el teléfono :S

    ResponderSuprimir
  3. Qué cosa más rara. Que yo sepa, no he tocado la configuración ni nada parecido.

    ResponderSuprimir