En episodios anteriores: empezamos a dudar de que mi familia política quiera asistir a The Event.
Y por fin llegó el gran día. Mi madre, mi suegra y mi cuñada se fueron a la peluquería a las 8:30, hora a la que supuestamente tenían pedida cita. Mi padre y yo nos quedamos en casa para esperar a la peluquera-maquilladora y el novio de mi cuñada también se quedó en casa, pero sobando. A las 10 o así no habíamos tenido noticias de las que se habían ido a la peluquería, así que le pegué un toque a mi cuñada.
CUÑADA: Están terminando con tu madre. Lleva kilos de laca en la cabeza, pero ha quedado muy bien. Ahora están empezando con mi madre.
HELL'S TEA: ¿Y cómo van tan tarde?
C: La peluquera decía que habían quedado a las 9 y no a las 8:30 y se presentó una señora con cita antes que nosotros a la que no pudo hacer esperar.
HT: Ahhhm. Bueno, y otra cosa... ¿podrías llamar a tu novio y decirle que se levante?
C: Aaay, pobrecito, que no se ha levantado aún.
HT: Pues no...
C: ¿Por qué no probáis a hacer un poco de ruido a ver si se desvela?
HT: Aquí llevamos de levante desde las 8, ¿te parece poco ruido? Haz el favor de llamarlo y que salga, venga.
Mi padre salió a recoger a mi madre en coche, por si se ponía a llover o algo, y yo me quedé en casa con mi Aquarius. Al rato, y viendo que el novio de mi cuñada no salía, empecé a tocar la puerta del cuarto en el que dormía. Al cuarto intento oí algo así como "yaaaa vooooooooooooy" y un rato después, cuando ya habían llegado mis padres, salió y se puso a desayunar. Mi madre me hizo tomar primperán y comer un plátano tamaño trabuco de Curro Jiménez para que aguantara por lo menos hasta la comida. Y de esa guisa, con el pelo leonino, una bata de "raso" de los chinos, zapatillas de cuadros y medio plátano metido en la boca, me pilló la peluquera-maquilladora.
Antes de proceder con mi sesión de tortura le pedí que pintara un poco el ojo a mi madre.
HT: No se maquilla nunca, así que no le des base porque le puede dar alergia. Ayer estuvimos probando con unos tonos marrones y raya verde y quedó muy bien.
PELUQUERA-MAQUILLADORA: ¡Ni hablar! ¿Sabes por qué? La gente mayor no debe llevar tonos apagados.
HT: Oye, que mi madre no es "gente mayor".
P-M: Bueno, tú me entiendes. El traje es granate, ¿no? Pues le voy a poner esos tonos en los ojos. Y perfilado en azul. Y luego le voy a tapar un poco las ojeras.
La expresión de mi madre era indescriptible. Yo creo que estaba pensando en la escopeta maquilladora de Homer Simpson.
MADRE: ¡El rímel ya me lo pongo yo!
Y fue echando leches al baño, cogió un trozo de papel, se restregó la cara para quitarse el maquillaje tapaojeras y se miró en el espejo con resignación. Luego agarró mi rímel y me lo rompió. De los nervios se le olvidó que el cierre era a rosca y tiró tan fuerte que lo escacharró.
PADRE: Pero mujer, tranquila, si estás muy guapa.
MADRE: fhahfndjk,nadmvnhoiawkfsmkvjoiahaMÁSPINTADAQUEUNAPUERTA.
HT: Pues a mí me parece que estás fenomenal.
PADRE: Sí.
MADRE: Bueno, pues me lo creeré.
Y pasé yo a la silla de tortura. Primero el peinado: pasado de planchas, rizado de puntas, trepanado de cráneo... esas cosas que suelen pasar con los peinados de novia. En esto que llegan mi suegra y mi cuñada.
HT: Peluquera-maquilladora, ¿puedes pegarle un repasito a éstas dos?
P-M: No, primero termino contigo, que eres la importante.
HT: Es que se tienen que ir al hotel a hacerse fotos con mi marío.
Muy en contra de su voluntad, maquilló a mi suegra y a mi cuñada, las dejó monísimas, y tiraron hacia el hotel donde supuestamente estaba ya mi marío vistiéndose y haciéndose fotos.
Debe de ser que los días de boda las horas se comprimen y se te echa el tiempo encima de mala manera. La boda era a las 14:00 y a las 13:00 estaba lista para vestirme, pero todavía faltaban los fotógrafos por venir. Yo quería salir a las 13:15 para estar con tiempo (cosa a la que mi madre se negó porque qué es eso de que la novia llegue antes que el novio) y no iba a ser posible, así que empecé a ponerme realmente nerviosa. Me planté las medias y la liga y mi madre abrió el vestido. Subió la cremallera, abrochó los botones...
Me quedaba grande. Se me caía y me lo pisaba. Dos días a Aquarius habían sido fatales. Pero ya no había tiempo y los fotógrafos estaban tocando el timbre. La sesión fue muy breve, 20 minutos, pero suficientes. O eso creo, que aún no he visto las fotos. Mi madre llamó a un taxi y se fue pitando con la novia de mi hermano. La peluquera-maquilladora me puso el cancán (diréis que eso se pone antes del vestido, y es verdad, pero los fotógrafos en general lo odian porque los posados encima de la cama salen fatal. El vestido toma formas raras. Y como además de fotógrafos eran amigos, no les íbamos a provocar...), me clavó la peineta de la mantilla en la cabeza y bajamos al coche con todo el sigilo posible: pasando de que los vecinos empezaran a abrir las puertas y nos retrasaran aún más.
Entrar en el coche fue un espectáculo. Entre la cola, el cancán, la mantilla y los zapatos que se me salían porque con las prisas no les había puesto las plantillas de silicona, tuvo bastante gracia para quien lo viera desde fuera. A mí no me hacía ninguna, me había sentado mal y la mantilla me tiraba del cuello para atrás. Finalmente conseguí acomodarme. Y sonó el teléfono de mi padre.
MARÍO: Oye, que mejor quedamos en algún sitio para ir al ayuntamiento, que nos hemos hecho un lío y no sabemos llegar.
PADRE: Pues esperadnos a la puerta del hotel.
MARÍO: Es que ya no estamos en el hotel. Hemos bajado por una calle y hemos tirado de frente, hemos cruzado el río y...
PADRE: ¡Parad inmediatamente que vamos!
Mi padre se puso a jurar en arameo porque les había explicado tropecientas veces la ruta y no tenía pérdida. Al final los alcanzamos, no sin antes ver gente muy rara pasando por la calle, como un señor disfrazado de Freddie Mercury, y les dimos las indicaciones oportunas para que nos adelantasen y llegasen ellos antes al ayuntamiento, aunque fuese unos minutos.
A las 14:00 exactas mi hermano estaba aparcando el coche que me llevaba a la puerta del ayuntamiento. Yo lo único que quería era bajar de ahí y que me diera un poco el aire. Bajó del coche el fotógrafo, bajó mi hermano, bajó mi padre, y cuando iba yo a abrir la puerta...
PADRE: Que nos tenemos que ir. No han terminado con la boda anterior, así que tenemos que irnos a hacer tiempo.
HT: ¡Pero es que me muero del calor y la incomodidad!
PADRE: Venga, un esfuercito.
Dejamos a todos los invitados con cara de "qué está pasando aquí" y pasando un calor de mil demonios. Este momento ha sido bautizado por mi amiga E. como "entrada falsa como la de las Azúcar Moreno en Eurovisión". Más de uno me ha dicho que mi marío se preocupó bastante cuando vio que yo no salía del coche y que nos íbamos por donde habíamos venido. Yo en su lugar me habría acojonado también, todo hay que decirlo.
A las 14:15 volvimos. Los anteriores todavían habían acabado, pero yo me negué a seguir dentro del coche. Salí, ví a mi marío de frente, guapísimo y con una enorme sonrisa (quizá del alivio) y empecé a repartir encantadores saludos como si eso fuera la alfombra roja de los Oscar. Bajaron los novios anteriores y nosotros nos dispusimos a subir las escaleras.
Lo demás, para otro episodio.
viernes 11 de noviembre de 2011
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Bueno, supongo que esto significa que tengo que publicar mi parte correspondiente. Y que posiblemente te entren ganas de matarme cuando leas el final.
ResponderSuprimirEspero que no me mates. Creo que está todo convenientemente explicado.
ResponderSuprimirMe estoy enterando de más cosas a toro pasado que en tiempo real. Charo me contó hace poco que ella por la mañana fue a urgencias porque no podía ni tragar, y su niña también estaba mala, así que vinieron de milagro. Pero no mato a nadie, si yo soy muy buena. Sólo habría matado al novio si no se hubiese presentado.
ResponderSuprimirLo de Charo ya lo sabía, me lo contó ella. La verdad es que tenía la garganta bastante jodida la pobre. Creo que al final de la serie "Enmarronarse fue divertido" habría que hacer un recuento de daños.
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