En episodios anteriores, llegábamos todos al ayuntamiento, unos antes que otros, y nos disponíamos a subir las escaleras.
Algún "cráneo previlegiado" creyó que era buena idea poner un felpudo gigante a la puerta del ayuntamiento. Felpudo de los de toda la vida, de los de color amarillo pajizo que rascan tanto. Está claro que quien tomó esa decisión no llevaba una mantilla de tres metros colgada de la coronilla. Según entrábamos, la mantilla se enganchó en el felpudo y claro, yo avanzaba, el vestido avanzaba, el padrino avanzaba, pero la mantilla no, y mi cabeza empezó a quedar por detrás del resto del cuerpo. Una amable funcionaria desenredó la mantilla del felpudo y pudimos subir las escaleras. Se supone que tenía que entrar en el salón del brazo del padrino, pero no pudo ser: como se me caían el vestido y el cancán, el padrino tuvo que llevarme cogida de la falda mientras yo trataba de no tropezarme y de mantener el ramo a una altura digna (es decir, liberar tensión del brazo para no llevar el ramo en plan micrófono).
La ceremonia transcurrió sin mayores complicaciones: el padrino no se olvidó las alianzas en casa, no salió ningún anillo rodando, lloramos lo justito tirando a poco (con la de maquillaje que llevaba encima habría sido realmente dramático), todos callaron para siempre y además los señores del ayuntamiento nos dejaron hacernos fotos en el balcón del ayuntamiento, que da a la Plaza Mayor. Las fotos quedan muy bonitas y todo eso, pero existe un inconveniente: por un momento te sientes la reina de Inglaterra saludando desde la ventana del palacio. Porque abajo, en la plaza, están los invitados, pero también los turistas, los señores que pasean, la gente que lleva tres días de empalmada... e irremediablemente alguno suelta un "vivan los novios" o cosas peores. Bueno, terminado el momento escaparate, durante el cual nos achicharramos porque, aunque era octubre, hizo buen día, bajamos a la calle y me volví a enganchar la mantilla en el felpudo. Y duele. Pero se me olvidó pronto porque enseguida nos vino encima una lluvia de pétalos de rosa, arroz y burbujitas y llegó el momento de dar besos a todo el mundo. Ya conocéis mi opinión sobre tanto besuqueo, pero nobleza obliga. No iba a recibir enhorabuenas tendiendo la mano a los invitados, que luego te llaman rancia y esas cosas.
Los invitados se fueron al cóctel, en el que se supone que estaba todo muy rico. Y digo "se supone" porque nosotros llegamos a los últimos diez minutos y sólo quedaban jamón y canapés. Teníamos intención de hacer una sesión de fotos muy breve, por la calle, en el trayecto que va del ayuntamiento al hotel, pero en medio de la sesión...
SEÑORA ESPONTÁNEA 1: ¡Clik! Es que te tenía que hacer una foto. ¡Enhorabuena!
HELL'S TEA: Er... gracias...
SEÑORA ARGENTINA 1: Mirá qué reliiiinda.
SEÑORA ARGENTINA 2: Qué vestido más macanuuuudo.
SEÑORA ARGENTINA 3: Vos cuidála, ¿eh?
MARÍO, AHORA MARIDO: Sí, sí...
NIÑA 1: Mira, mamáaaaa, una novia, qué guapaaaaa.
NIÑA 2: Halaaaa, parece una princesaaaaa.
SEÑORA ESPONTÁNEA 2: Vamos a hacerle una foto. ¡Clik!
Y claro, así no hay quien pose para el fotógrafo oficial. Yo ya debía de tener una cara de mala leche bastante importante entre los espontáneos, los zapatos que se me iban saliendo y el vestido que se me caía, porque el fotógrafo me llevó aparte y me dijo que por lo menos durante diez minutos sonriera un poco. Cuando ya nos habíamos librado de todos los espontáneos, sentados en las escaleras de la facultad donde estudié eones ha, noté una vibración en un muslo.
HELL'S TEA: Te están llamando.
M,AM: ¿Y quién me va a llamar?
HT: Pues mi padre, vas a ver.
Efectivamente, mi padre quería saber dónde estábamos porque en el hotel ya estaban metiéndoles prisa para empezar a comer. Llegamos al hotel y bajamos al salón para empezar a comer. Yo tenía bastante hambre, pero fue llegar el camarero y servirme el entrante y me entró un mal cuerpo... Como si mi cerebro, afectado por tanto Aquarius, me dijera "como te comas todo eso vas a vomitar, así que más te vale que ni lo pruebes". Sólo le hice medio caso y probé un poco de crema de rape con almendras. Y le dije al camarero que yo iba a comer poco porque llevaba un par de días fastidiada.
CAMARERO: Si quieres te hacemos otra cosa, un arroz, una tortilla o pescado a la plancha.
HT: No se moleste, usted póngame la comida normal y yo ya veré. Es que lo de comer arroz blanco en una boda tiene más poco glamour...
Sirvieron el primer plato, que era mi favorito, y más o menos pude comer un poquito. Pero llegó el momento de levantarse a saludar a los invitados.
HT: ¿Qué tal, está todo bueno, va todo bien?
INVITADOS: Sí, sí, muy bien, todo estupendo...
En mi humilde opinión, el momento "saludos por las mesas" es algo que debería erradicarse, ya que no aporta nada y a los novios no les deja comer a gusto. Pero caemos en una paradoja nupcial: los saludos no sirven de nada y son un coñazo pero, si no lo haces, eres un maleducado que no presta atención a tus invitados. Así que... a tragar. Cuando vi que iban a servir el pescado volví a la mesa.
MADRE: Y después del pescado a lo mejor podemos ir pidiendo que nos bajen los alfileres de novia y los vas repartiendo. Después de la carne pedimos también los regalos y los caramelos de los niños. Y después del postre que saquen los cestitos con caramelos, las pelucas y los collares.
HT: Agua...
MADRE: ¿Qué?
HT: Que me des agua. Que me estoy mareando. Me muero de calor y de flojera.
Mi madre le pidió al camarero que le diera caña al aire acondicionado, pero a los dos minutos...
SUEGRA: Hace mucho frío, que bajen el aire porque igual la gente se pone mala.
HT: Mala estoy yo de calor. Que no toquen el aire.
SUEGRA: ¿Y si los niños se resfrían?
HT: ¡QUE SE JODAN Y SE ABRIGUEN! Y SI YO ME DESMAYO, ¿QUÉ?
Ya terminando de comer me di cuenta de que, si bien yo no había probado apenas la comida, los otros "enfermitos" se habían puesto las botas. Mi marío, ahora marido, se había empujado un solomillo que no se lo salta un gipsy y estaba dando buena cuenta del postre de chocolate. Mi suegra no se quedaba atrás, y mis cuñados estaban a punto de reventar. Y yo, la única idiota que por prudencia se había cortado con la comida. Más vale que se case alguien pronto y celebre el banquete allí con ese mismo menú. Bueno, sigamos...
No recuerdo muy bien cómo sucedió lo siguiente, el caso es que llegó el DJ, montó su cacharrito, dispuso los altavoces y yo me levanté a saludarlo y a preguntarle si tenía clara la secuencia del baile. Como los señores invitados nos vieron de pie a mi marío, ahora marido, y a mí, y justo en ese momento entró por la puerta mi amiga violinista, instrumento en ristre, se hizo el silencio para que empezáramos con el vals. Y un cuerno, que aún no estaba organizado todo el baile-flashmob. Pero aproveché el silencio para pedir a toooodos los invitados que miraran hacia esa mesa del fondo, concretamente a la chica de azul, y que le cantaran el "Cumpleaños Feliz". Supongo que la idea del asesinato con cuchillo de carne se le pasaría por la cabeza a juzgar por los colores que le iban subiendo.
Aprovechando el pequeño revuelo de cumpleaños, di instrucciones precisas a mi amiga violinista y a otros invitados para que empezara el baile. Otra cosa es que me hicieran caso. Las instrucciones eran las siguientes:
- Sólo vamos a bailar cuatro o cinco compases del vals, ese será el momento en que los encargados de interceptar el baile salgan.
- No sabemos bailar bien, así que cuanto antes termine esto, mejor. El DJ debe subir la música en cuanto se forme un poco de revuelo.
- Las chicas a este lado, los chicos a este otro lado.
Bueno, pues no. Mi amiga violinista empezó a tocar a una velocidad muy poco conveniente... por lo lento. Mi marío, ahora marido, y yo habíamos practicado el vals en casa a velocidad normal, pero mi amiga decidió que, como no sabíamos bailar bien, tocaría despacio.
AMIGA VIOLINISTA: Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeereeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeees túuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu miiiii príiiiiiiiiiiiiiiiiiincipeaaaaaaaaaaaaaaazuuuuuuuuuuuuul queeeeee yoooooooo soooooooooñéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee.
Ir al ritmo se convirtió en misión imposible, porque mi marío, ahora marido, iba embalado y no había forma de que parara un poco. Para más coña, los encargados de detener a la violinista se lo estaban pasando fenomenal viendo nuestras caras de sufrimiento y tardaron más de la cuenta en cortar el baile. Y el DJ no hacía más que mirarme para que le diera una señal y subir la música, pero quizá mis "AHORA, AHORA" no fueron los suficientemente explícitos y tardó un poco en poner la canción. A pesar de todo, como los invitados estaban bastante confusos, no hubo problema y conseguimos terminar la flashmob casi sin percances. Por sugerencia de la cumpleañera, usamos esta canción y montamos una coreografía en plan guerra de sexos que salió bastante desigual: éramos el doble de chicas que de chicos. ¡Sosos!
La música del baile era un tema peliagudo que propició no pocas discusiones previas a la boda.
HT: Yo quiero poner música bailable pero que mole. Rock'n'roll clásico, disco, hits de los 70 y 80...
GENTE EN GENERAL: Pero es que con eso la gente no baila y se aburre.
HT: Me toca los c... Me niego al popurrí de Manolo Escobar, a los Chichos y a Karina. Es mi boda. En la tuya, pon lo que te dé la gana
GEG: Sosa.
HT: Horteras.
GEG: Pues no bailamos.
HT: Pues que os den por saco.
Y le di orden expresa al DJ de ceñirse a una lista que le proporcioné. Pero en un momento dado empecé a oír un sonido pachanguero.
ALTAVOZ: Tara tara tarata... tara tara tarataaaaaa... Desde que meeee dejasteeee, la ventanita del amor se me ceeerróoooo...
Le eché una mirada furiosa al DJ y mi marío, ahora marido, vino a pararme los pies.
M,AM: La he pedido yo.
HT: ¿Cómo? ¡Quiero el divorcio!
M,AM: Es que mi tía me ha dicho que se estaba aburriendo y que quería "una bachatita", que es lo que baila ella con los jubiletas.
HT: Pues mírala, está sentada. ¡El divorcio!
M,AM: ¡Me cago en su...! ¡Tía! ¡A bailar la bachatita, que la he pedido para algo!
Después de eso vinieron dos horrores más y fui corriendo a hablar con el DJ.
DJ: Es que me la han pedido...
HT: Vale, pero si te piden una, pon UNA. Y si te piden tres, pon UNA. Ajústate a lo acordado, que no quiero tenerla.
Al rato viene una prima de mi marío, ahora marido.
PRIMA: Le he pedido al DJ un poco de calorreo, que si no, la madrina no baila.
HT: ¿Pero qué coño es esto, mi boda o la boda de todo dios?
ALTAVOZ: Coooooo... cidito madrileñoooooooooooo...
DJ: Sólo ésta, de verdad. Es que se estaban poniendo muy pesados.
HT: Ni una más.
El DJ había sido listo y sólo puso una canción: popurrí de Manolo Escobar + oleole variado incluyendo versión rumbera del "Me va". Todo en una pista, claro.
Dentro de lo que cabe, y exceptuando ese par de momentos, el baile no estuvo mal. Incluso sonó el Stayin' Alive, un clásico, aunque hubo quien se lo perdió. Los críos se lo pasaron pipa con unas pelucas y collares que llevé y los no tan niños se dedicaron a hacerse fotos (y a macarrear) con un marco vacío que me hizo mi padre precisamente para eso, para que la gente se hiciera fotos con marco incluido. Todo un éxito.
Llegada la hora de recoger, unos amigos míos decidieron que el regalo del padrino (una petaca con embudo y dos vasos de chupito) debía ser estrenado y persiguieron al camarero para que les llenara sus petacas. ¿Quién dijo que los regalitos de las bodas son trastos inútiles?
Quedamos a una hora determinada para tomar unas copillas y subimos a la habitación a vestirnos de personas normales. Bueno, yo, que el novio pasaba de ponerse otra cosa. Al quitarme el vestido salió arroz como para la paella de Villarriba y Villabajo. Llegó mi amiga diseñadora con el vestido que me iba a poner para salir. Recordemos que cuatro días antes había quedado con ella para hacer la última prueba y tomar medidas para coser la cremallera, pero Familiar Malvado me jodió el plan y le dije que rematara el vestido como buenamente pudiera. El vestido me entraba, pero me hacía parecer una morcilla de Burgos azul turquesa, así que tuve que recurrir al plan B: vestido de outlet.
Hubiera preferido el otro vestido, ya que era largo, porque aunque el día había transcurrido con uan temperatura más que aceptable, por la noche hacía un frío horroroso. Entramos en un pub irlandés, pero al rato una hermana de mi suegra tuvo un antojo.
HERMANA DE MI SUEGRA: ¡Me apetece una horchata!
M,AM: ¿Una horchata? ¿Con el frío que hace?
HDMS: Bueno, y que aquí la música está muy alta y prefiero otro bar.
HT: Pues hala, para horchatas os buscáis la vida. La puerta está ahí. Que la disfrutéis.
Y desfilaron la hermana de mi suegra, su marido, sus tres hijos con sus respectivos, mi suegra, mi cuñada y su novio. Pues nada, que os encontréis mucha fiesta allá donde toméis la horchata, majos. Por nuestra parte, cambiamos de bar, bailamos un poco, tomamos unas copillas y cuando la gente empezó a tener sueño nos recogimos. De camino al hotel encontramos un bar tranquilo abierto y los pocos que quedábamos entramos a tomar la última en plan nostalgia.
AMIGO 1: Fíjate, que yo conocí a HT en una barbacoa cuando bautizamos a M,AM y ahora estamos aquí, con ellos casados...
AMIGO 2: No, no fue en la barbacoa, el bautizo fue antes.
(El bautizo es, resumiendo, que mi marío, ahora marido, tuvo un accidente gordo años antes de conocerme. El coche quedó siniestro total pero él salió completemente ileso, por eso le hicieron un bautizo simbólico. Eso dicen.)
HT: Que no, que yo os conocí en un cumpleaños y al poco nos fuimos todos a Granada.
AMIGO 3: Que no, que fue en el concierto de Sting.
Como no nos pusimos de acuerdo, tiramos definitivamente hacia el hotel. Y esto lo resumiré muy rápido: me quité todas las horquillas del pelo pero fue imposible desenredar la goma que servía de base al peinado, así que me corté un mechón (he estado con el trasquilón cosa de un mes hasta que me he decidido a ir a la peluquería). Me metí en la ducha a quitarme toda la laca y no lo conseguí. Nos preparamos un baño de espuma en el jacuzzi, pero apagamos el motor para no despertar al resto del hotel y nos quedamos fritos.
Y ya está. No cambia nada, ni quiero que cambie.
viernes 18 de noviembre de 2011
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La de cosas de las que me estoy enterando leyendo esto. Cuando me canse del BOE me pongo con la historia paralela.
ResponderSuprimirBufff, y un montón de cosas que se me han olvidado. La próxima entrega, testimonio gráfico de los regalos, que ya me he cansado de escribir.
ResponderSuprimirEso, fomento del foto-post, que me costó dios y ayuda escribir la última parte (así me ha quedado).
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